Bueno, bien, bien, vaya, vaya, vaya, caramba, caramba, caramba, caramba. Sí. A los hombres nos mata la ambición. Hay quien no vive sino para ella. Piensa en ella a todas horas, come con ella sin comer apenas, no duerme para estar con ella, sueña con ella día y noche y, por último, nos jode a todos por culpa de ella.
Porque si es que quieres hacer leyes, métete a político. Pero mientras seas juez, limítate a aplicarlas; y con una mayor ecuanimidad y profesionalidad de lo que hasta ahora lo has hecho,
Pinche ahí arriba, amigo, y adéntrese en nuestro editorial, hoy. Luego, como sigue siendo de balde, disfrute con nuestro cuento:
El Viejo de El Pardo
Después:
ENVÍE SU COMENTARIO PINCHANDO AQUÍ:
SI ASÍ LO DESEAS, SE GUARDARA EL ANONIMATO, PALABRA (pero no de político)